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16 dic

Un polvo de Feliz Navidad

Aquella fue la primera navidad que pasé junto a mi pareja.

Temprano asistimos a una fiesta con algunos amigos, nos bebimos unos tragos, disfrutamos de una deliciosa cena navideña y luego volvimos a su piso, sabiendo que ya era 25. Una vez dentro, hicimos el amor con gusto y deseo, y luego nos fuimos a dormir. La verdadera sorpresa comenzaría la mañana siguiente.

Me levanté un poco tarde, con algo de dolor de cabeza por los tragos de la noche anterior. Al buscar a mi chico en la cama, pude darme cuenta de que no estaba. Me levanté entonces al baño, donde me di una buena ducha para despertarme y luego me acerqué a la cocina, donde supuse que estaba él.

Antes de pasar a la cocina, debía encontrarme cara a cara con el árbol de navidad que ambos habíamos colocado en medio de la sala. Lo habíamos hecho como una formalidad, porque ambos contabilizábamos ya muchos diciembres sin recibir regalos más que los comprados por nosotros mismos. Pero pude ver que, debajo del árbol, se encontraban tres cajas, envueltas de una forma muy cuidada y las tres tenían una etiqueta con mi nombre.

Sentí mariposas en el estómago, aquello era un gesto muy bonito de su parte. Pensé en esperarlo para abrirlos, pero un impulso me movió a romper los envoltorios tan delicados.

Yo esperaba chocolates, unos cascos nuevos o algo por el estilo. Pero los tres paquetes contenían algo más pícaro.

“Por fin despiertas” escuché decir detrás de mí. “¿Qué te ha parecido mi regalo?

No me dejó responder, porque un instante después ya se encontraba besándome desde atrás Con violencia devoraba mi oreja y la parte de atrás de mi cuelo. Sus manos frotaban, deseosas, mis pechos y mi entrepierna. Todo fue tan repentino que tardé un poco en reaccionar. Pero el conjunto de elementos me excitaron muchísimo. Lo menos que podíamos hacer era abrir los regalos y usarlos por primera vez.

Dejé que él los abriera, porque, según me contó, tenía una idea muy específica en mente.

Eran 3 regalos; un plug anal de cristal, un consolador realístico y un amarre fetichista.

Con lubricante que él ya tenía me coloqué el plug anal y luego me pidió que me pusiera en posición de perrito. Al hacerlo, me amarró las manos de las piernas, manteniéndome en esa posición, dejando mi coño y culo al aire. Sin pensarlo mucho, metió ahí su boca y me comió con un deseo voraz y placentero. Luego tomó el dildo y lo introdujo dentro de mí, a modo de penetración. Primero lento, luego aceleró el paso, penetrándome con toda la fuerza de la que su mano era capaz. Yo me retorcía y gritaba, él parecía poseído. En medio de aquello, no podía sino pensar en algo muy concreto, algo que deseaba desde que comenzamos la sesión:

“Quiero que me folles tú…” le dije con un hilillo de voz.

Él entonces se acercó y entró en mí. Me penetró unas pocas veces antes de correrse sobre mí. Después, acercó su miembro a mi boca, donde pude saborearlo hinchado, rojizo y con una mezcla entre su sabor y mi sabor propio. Se lo chupé con gusto, provocándolo. Afortunadamente, me hizo caso, volviendo a entrar en mí, pero esta vez húmedo de saliva, con la polla tan dura como una roca, dispuesto a embestirme de nuevo y darme otro polvo de feliz navidad.

 

0 Comments 16 diciembre, 2019

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